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Mi amigo y hermano de fe Julio Rodríguez Pérez me pidió escribir sobre la zona conocida como Los Pasos, localidad a 7 kilómetros a la entrada de esta ciudad de Banes, por la carretera hacia Guardalavaca.

Me mencionaba Julio el salón de baile de Atilano Ricardo y la escuela de zinc que él cree fuera una donación de un presidente de la República Neocolonial. Nunca le pusieron los cristales que llevaba. Un barrio grande que fue conquistando toques de modernidad y confort como acueducto, rutas, electrificación y hasta un puente para enlazar ambas márgenes del río, estructura ya inservible, pero que sale a relucir en algunas reuniones de vez en vez. Sucede que este río fue el centro de la comunidad en sus inicios.

Como decía Julio en su mensaje, donde queda la actual bodega existió un salón de bailes que alcanzó su mayor esplendor y referencia por los años 50. Las mujeres esperaban las grandes celebraciones de allí para estrenar vestidos. Los caballeros venían de todas partes. Juegos, billar, y lamentablemente, una soga que separaba a personas de piel blanca de los de piel negra, rezagos de una sociedad clasista y discriminatoria ya superada. Había galanteos, bebidas frías y calientes. Diversión. Al frente había grandes fiscos.

Oscar González, padre, era joven en ese entonces y cuando veía que los jinetes venían a celebrar, como broma bien pesada, hundía una rama fina en alguna letrina y luego la pasaba por los copiosos gajos que, movidos por la brisa, rozaban los sombreros, el rostro y hasta las guayaberas de los jinetes. Había maleantes de fiestas que les temían a la Guardia Rural, pues era peor que cualquiera de ellos.

Hay Garcías en Los Pasos, una familia grande y con alta tendencia a ser dependientes de tiendas. Son varias generaciones las que se han desempeñado como bodegueros. También hay apellidos numerosos, como González, Ricardos, Valdez, Ortigosa, Sánchez, Silvas, Gutiérrez y muchos más que no puedo recoger porque sino parecería un censo de población y vivienda.

¿Por qué el nombre de Los Pasos? De las versiones escuchadas deseché que se oían las pisadas nocturnas de los difuntos, tampoco creo que fuera porque por ahí se acortaban distancias para ir a determinados lugares. El más cercano a lo lógico es que el camino no era por donde está la carretera, sino más cerca del río, cuyo cauce había que cruzar a través de pasos o pasillos de piedras una y otra vez, en zigzag. De todas formas, el principal paso de Los Pasos, “el puente”, ya no une nada. Solo quedan ruinas de él. También el río apenas corre y a veces está seco.

Hubo una especie de comandancia donde vive la familia Reyes. Existió un consultorio que se derrumbó, otro que nunca fue terminado y hasta un puesto de venta de productos del agro y otro de bocaditos, yogurt y a veces solo pan, lo cual generaba colas de personas bulliciosas. Tuvo círculo social, extinto ya.

Los Pasos sigue teniendo como mayor punto de reunión de mayores a la bodega, donde, como en cualquier barrio, se debate el “diario” de la zona. También está la escuela con una amplia matrícula. Tiene espacio con nombres sugerentes como Yatobá, La Brasa, El Barrio del Sapo y la extinta “calle del sabor”.

Cuentan que Niño González, hermano de Oscar, dictaminaba el origen del fallo de un motor con solo escucharlo, claro, cuando este arrancaba. Era inteligente el hombre. Narran que pasó cursos a distancia por correspondencia, pero estoy seguro que la práctica le ofreció la mayoría del inmenso caudal de conocimientos que tenía, que era bastante y variado.

Antes se esperaba el 28 de septiembre con caldosas, música y jolgorio. Los tiempos cambian y las condiciones también. El barrio no tiene buena agua en su subsuelo, aunque sí tenía algunos manantiales óptimos para el consumo cerca del río.

Los Pasos poseía un campo de pelota. En él jugó el olímpico y ex lanzador de las Grandes Ligas Osvaldo Fernández Rodríguez, con su número 25 en Series Nacionales. Dicen que lo “descubrió” el difunto Elio Cruz, quien lo presentó a la dirección del equipo de Banes y el joven ascendió como la espuma. Era inteligente y sabía lanzar.

Antes, por los años 80, el béisbol era pasión, no solo en Los Pasos, sino también en Deleyte, Mulas, Los Ángeles… Cuentan que Elio Cruz llenaba camiones y ómnibus con gente que iba a apoyar a su equipo. Dicen que había una buena novena con Abel Valdez (Villo), Omar Fernández, Solís y Ever, pequeño y delgado, pero buen lanzador. También jugaban los hijos de Eder Pérez: Hugo y Guillermo. Los años 90 y la crisis mermaron casi todo. También el pasatiempo nacional. Hoy, a veces los jóvenes juegan fútbol.

Fotos del autor

Me decía Ninín Valdez que Elio pertenecía a las Asociación de Jóvenes Rebeldes, organizaba el béisbol y otras actividades, era muy dinámico. También mencionó Ninín que por estos lares hubo un hombre que rompía cocos con la cabeza. Por Pozo Blanco hubo un humano, Eladio, si mal no recuerdo, que dicen nunca satisfizo el paladar con sabores dulces porque era insaciable. Dicen que tomaba botellas de miel, ingería libras de azúcar, kakes, jigüeras llenas de turrones de coco y para culminar se zampaba cualquier cantidad de guineos. Esto bajo una especie de conjuro, pero esa será otra historia.

Los Pasos tenía una economía de caña; además de la bodega, había carnicería, cultivos varios y recuerdo que mi abuelo venía en determinada época del año a sacar boniatos cerca del ahora Yatobá. En la zona había linderos de la United Fruit Company por sus áreas. Dicen que aún quedan algunos. Unos pequeñas columnas de cemento con una identificación metálica encima.

Como en muchos lugares, ha llegado gente nueva a enriquecer el crisol de genes. Nuevas historias han surgido, pero no deben olvidarse los orígenes. Siempre hay algo bueno y posible para rescatar, mantener o mejorar.

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