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A los Trabajadores Sociales se les llamó en determinado momento “Médicos del Alma”. Fue un proyecto ideado por nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz. Tuvo valor y valor de uso social cuando el país formó a miles de ellos.

Con el tiempo, algunos de aquellos trabajadores sociales se desvincularon de la idea original, por diferentes causas. En Banes, la mayoría siguió estudios en la Educación Superior y una apreciable parte de ellos está vinculada a la concepción inicial.

Los Trabajadores Sociales fueron el vínculo de la sociedad y del barrio con las entidades estatales. Aún lo son, atienden a los más necesitados, diría yo. Recuerdo que entonces el Comandante propuso y siguió con devoción la materialización de diversos proyectos como la denominada “Revolución Energética”.

Los “Médicos del Alma” cambiaban las bombillas existentes por lámparas de neón y por bujías más ahorradoras que las existentes. La mayoría de los sustituidos provenían de la antigua URSS. Consumían mayor energía y generaban más calor, aunque si no sufrían golpes duraban mucho más.

Igual, los jóvenes tomaron parte en la intención de evitar el hurto y desvío de combustibles. Gente de aquí fueron a Ciego de Ávila y hasta acá vino gente de Guantánamo. Controlaban los despachos en las bombas de combustibles.

En aquella Revolución Energética proclamada por Fidel, la nueva hornada de Médicos del Alma sustituyó refrigeradores norteamericanos y soviéticos por otros Made in China. Controlaron la distribución de hornillas eléctricas, calentadores de agua y ollas, entre otras tareas. Hicieron estudios y levantamientos sociales.

Aquello fascinó a la familia cubana, fundamentalmente a quienes laboraban en la cocción de alimentos. Hasta las mesetas y cocinas cambiaron de aspecto, se veían más limpias y bonitas. Era el desarrollo tecnológico, imposible de no admitirlo. También fue la sustitución del abasto de combustible y alcohol a toda la población, bodega por bodega. Y más allá del tiempo transcurrido y las roturas o falta de piezas, aquello alegró y solucionó problemas, aunque siempre esto genere otros.

Conozco quien dejó la carrera de Periodismo por ser Trabajador Social. Estudiantes con índices académicos elevados siguieron igual opción. Hoy, algunos de ellos se desempeñan cargos administrativos. Fue el momento concreto que les tocó vivir y se aferraron a él.

Recuerdo a Mayrelis Núñez Molina, Mayrita, como le llaman muchos. Trigueña, inspirada y sonriente. Los jóvenes de aquella generación vivían su momento de esplendor. Actualmente, esta joven vive en la comunidad de Retrete y sigue siendo trabajadora social y Médico del Alma, por qué no.

Mayrelis Núñez Molina, trabajadora social banense. Foto del autor.

“Trabajamos con los casos más vulnerables, llámese ancianos sin ayuda de otro familiar o personas enfermas. Hay grupos de mensajeros, de trabajadores que recesaron sus labores y ellos pueden y deben apoyar a esas personas. No podemos llegar a todas las personas, aunque queramos, para eso conformaron los grupos comunitarios. Hay que exigir y velar porque funcionen correctamente. Hay que atender a las personas aisladas”.

Hay falta de recursos, de materiales, hay problemas con la vivienda, aún existen inconformidades con la relación a salarios, precios y productos. Hay muchos problemas, aunque el mayor sea la covid y muchos aún no lo entiendan.

“Hay que protegerse, las personas mayores son más cuidadosas. Hay personas que tienen el cartel frente a la casa para que no pasen. Ellas se están cuidando y para visitarlas hay que tener cuidado y distanciamiento. Ellos tienen una mayor percepción del peligro, no así los jóvenes. Los padres deben hacer más fuerza en ellos, que son quienes más salen a la calle en estos momentos”.

Pero pese a todo, se puede y se debe trabajar con amor. Ser Médico del Alma es casi una designación histórica, un mérito, algo que no se debe perder porque con ello se abandonaría la esencia de la profesión que no es nueva ni invento nuestro, aunque sí lo sea la connotación que le dimos cuando Fidel orientó el programa.

Ellos gestionan, responden, ayudan, y creo yo que sobre todo, escuchan.

“He crecido como persona gracias a mi profesión, cuando uno llega a las casas y palpa las situaciones eso te hace más humano. No tenemos recursos, pero tratamos de que ayuden a los más necesitados y es agradable cuando reconocen tu trabajo, cuando te quieren, porque hay gente que quiere a uno”.

Es importante escuchar, más aún en tiempos de crisis, cuando algunos se consideran solos o están solos con una carga emocional de sueños y realidades con la que casi no pueden. Ahí es vital tocar el alma del prójimo. Eso ayuda. Solo quien lo vivió, lo sabe.

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