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Por todas partes de esta ciudad se pueden ver imágenes como estas. Foto: Karen Rodríguez Castellanos.

Sé de un sobador que no ejerce su oficio mientras la pandemia esté al acecho. No lo encuentro a mal, aunque imagino que los clientes acostumbrados sí. Pero imagínese usted, es una defensa lógica de quien desea protegerse.

Conozco de otra persona que antes de ejercer ese don se lava las manos con jabón y luego con alcohol. Cierto es que el primero apenas descansa y casi dedica su tiempo por entero a ayudar a su numerosa clientela. Casi no tiene tiempo para él. El segundo no es que sobe como hobby, pero centra sus actividades en labores propiamente del campo. No digo que el otro no lo haga. Esa no es la cuestión.

Baso este comentario en el tema de la protección y el cuidado. Vi a una niña con nasobuco cuando no había alma alguna en su trayecto, así como a muchos motoristas, aunque estos desde antes del surgimiento de la enfermedad se enmascaraban y no creo que resulte una molestia para ellos. O personas que, en determinada labor en casa, lo portan solos. El lavado de las manos es vital, en la mayoría de las unidades estatales están creadas las condiciones.

Agua clorada, jabón e hipoclorito: un trío de moda: Foto: Karen Rodríguez Castellanos.

En fin, unos casi rayan en el extremo de cuidado y otros se creen incólumes a contraer el virus. No sé si existan seres inmunes al coronavirus, pero esto no es juego. Murió un expresidente del Real Madrid, falleció un ruso portador de fuertes genes eslavos, pero también padecía otras enfermedades. Sucumben pobres, menos pobres y también ricos en economía. Quedan expuestas estrellas del cine, deportistas y políticos. Los cubanos también enfermamos. El sistema social que tenemos permite tener un control bastante cercano a la realidad y, por ende, tomar medidas, pero no podemos evadir responsabilidades sociales, familiares y personales.

Todos tenemos compromisos con los demás y con uno mismo. Si alguien no se salvaguarda, al menos hágalo usted y mantenga la distancia y las formas de evitar el contacto. Alguien, días atrás, trabajador de Educación, llamó la atención a un posible cliente de Trasval por tener un brazo apoyado en la manecilla de una puerta. ¿Cuántas manos habrían sido apoyadas allí? En esas prácticas que en tiempos normales parecen sencilleces nos puede ir un contagio. Son deslices que nos sirven para aprender y luego mantener en tiempos normales porque siempre existirán virus, hongos, bacterias y no sé cuántos microorganismos al acecho que buscan nuevas pieles, ojos, manos, membranas y cualquier parte del cuerpo para alojarse. Esto nos debe servir de enseñanza, algo macabra, pero enseñanza al fin.

Quizás en un futuro nos cuidemos mejor para evitar las conjuntivitis, otras gripes, escabiosis o cuanta epidemia sobrevenga. Espero que con el tiempo volvamos a retomar la cubanía efusiva del saludo, aunque sin llegar a exigir ni planificar su empleo racional, pero tampoco dando uso excesivo e innecesario. Como dice una doctora de las ideas: besoterapia. Añado yo: cuando sea necesario.

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