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Santa Justa está lejos de la ciudad de Banes. Hay que sudar para llegar allá. Hay que escalar pedregosas elevaciones y transitar caminos escabrosos. Pero el olor es sano, a monte, a manigua, a campo con aire límpido, sin humo, sin ruidos parásitos.

Todo es natural, como su agua y su ambiente benéfico. Alguna vez intentaron cambiarle el nombre y ponerle “Los Manantiales” solo porque alguien quiso. Yo era niño. Pero es Santa Justa. Es verdad que hay agua fresca y dulce en algunos lugares, líquido abundante, pero de difícil acceso para explotar. La fuerza de la costumbre y del amor se impuso.

De allá recuerdo a las principales familias: los Díaz, Figueredos, González, Ramos, Benítez, Rodrigos y Rodríguez, también había Hidalgos, Ricardos, Rojas y que perdonen la memoria. Creo que eran los más representativos. Hubo Meneses, Batista, Pérez…

Alguna vez realizaron unas fiestas con un paseo de carroza, al estilo de un carnaval. La elección de la estrella y los luceros de la carroza se hizo entre las chicas del barrio, supongo que entre las más agraciadas, entonces la comunidad era nutrida. La elección, como siempre, originó comentarios entre los insatisfechos: ¡Qué si hubo parcialidad porque fulana es familia de quienes decidían la selección! O esto o lo otro. Pero disfrutamos el carnaval. A mí me pintorretearon, imagino que como un indígena, y me pusieron un traje de saco de yute, de los que empleaba la industria azucarera de entonces para embalar el producto.

Hubo luego carreras de caballos y las llamadas corridas de cintas (ensartar una argolla pequeña con un palillo). El aro pendía de una cuerda de un lado a otro del camino real. Y el jinete debía hilvanar a todo galope sobre un corcel. Dos contendientes chocaron y levantaron una nube de polvo con la caída. El accidente de ahí no pasó.

Fiestas había con frecuencia. Aún existe el estanque de cemento que se llenaba de hielo y botellas de cerveza. Los grupos musicales serían locales, aficionados pienso, de zonas cercanas como Los Berros o Flores. Una prima me dio una receta para bailar en una ocasión. Ante mi falta de recursos y de pasillos de baile, me dijo: “es como si estuvieras aporcando frijoles”. Clase netamente campesina y de imagen fácil de captar. resulta que yo tampoco tenía habilidades para sembrar en el surco…

Allá había una escuela, en La Pijusa, así le decían a aquella hondonada donde estaban las aulas. Hubo círculo social en lo alto, una especie de mirador, creo que aún queda el piso de aquella área de recreo. Al frente hay una bodega relativamente nueva. Y sobre todo, de Santa Justa salieron varios profesionales, muy buenos, como los doctores Alberto Ramos y Rosell Díaz; allí nació una chica que luego se graduó en psiquiatría; maestros; también Linet, artista plástica, hija de mi maestra Alicia. De Santa Justa es Teddy Fombellida, colega de profesión. Mi tío Blanco, que atendió asesoría técnica extranjera, y muchos santajusteños que andan por el mundo sin negar su origen sencillo y sano, noble. Gente de trabajo.

Las noches eran dentro de las viviendas. Se regresaba a las historias superconocidas y archicontadas de generaciones en generaciones, a los tragos de café y a mirar a las estrellas o las nubes para pronosticar el tiempo, que ayuda a las cosechas. No había otra distracción en una población mayormente anciana.

Hoy quedan pocos vecinos, la mayoría ha emigrado para Retrete y otros lugares con más rasgos de civilización, una verdadera lástima la de un lugar donde el ajo se cosecha exquisito y hay quienes lo saben cultivar.

Recuerdo nombres muy exclusivos y extraños para mi infancia, como Nino Patas, Fela La Negra, que santiguaba los majases en el cuerpo (virus de la varicela que se aloja en un nervio). También rezaba contra otros males. Memorizo a Aquino, que arreglaba máquinas de coser; Felipe El Mudo; Lolo, un vecino con síndrome de down, simpático como un niño. Dos casas quemadas que no quiero ni recordar; un juicio público en un local que era el rancho de acopiar productos.

Había muchas guayabas y en el tiempo de recogida el fuerte olor inundaba casas y caminos. En zafra, se tiraba caña desde aquellos recónditos lugares. A veces los camiones se atascaban, para deleite de los chicos que gustábamos ver el “cariño del lodo” sobre las ruedas y a los choferes malhumorados, pero era un entretenimiento que solo podíamos tener cuando las condiciones estaban creadas entre zafra y mal tiempo.

De vez en vez visito a mis ancestros, veo a Rosell, a Adelina y a la poca familia que allí queda; recuerdo a mi tía Amalia y a mis abuelos, a mi infancia; más bien la revivo con gusto. Eran tiempos de niñez, sin preocupaciones y casi ni ocupaciones, como no fuera la escuela. Entonces regreso y recargo las baterías.

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7 thoughts on “Santa Justa en mi corazón

  1. Cuánto se le agradece a usted Oreste, por su labor como periodista y recordar con tan valiosas palabras a ese pedazo de nuestro terruño. Mientras leía cada fragmento recordaba esa sencillez que caracteriza a la familia de Santa Justa. Gracias por hacernos revivir. Hasta los 18 años permanecí en el barrio aledaño de Tinajita. Me siento aún de allí porque es mi origen y nunca podemos negar nuestra identidad. Me siento orgullosa de saber que soy del campo.

  2. Con una mezcla de alegría y nostalgia he leído y disfrutado este texto del colega Orestico, así le decimos, a cuyos padres conozco. Soy de Santa Justa y esta lectura me ha llevado a recorrer los caminos de acceso a ese querido barrio, lo mismo por la entrada a Los Berros que por donde estaba el jardín La Dalia; presenciar corridas de cintas en la que mi papá, Tabo Fombellida, participaba y en ocasiones ganó; los bailes, a veces en casa de Melo Claro, Pancho Hidalgo u otros vecinos; los juegos de pelota; el bar de Sindo al que acudían los empedernidos jugadores de dominó después de agotadoras jornadas en el campo.
    Veo, como en un caleidoscopio, a mis primos y amigos del barrio, a mis maestras, a las muchachitas de las que estuve enamorado en mi infancia y nunca se lo dije, pero quiero pensar, para mi tranquilidad, que ellas lo sabían.
    Gracias, Orestico, por este delicioso texto y por mencionarme en él. Mucha buena suerte para todos los santajusteños, estén donde estén y piensen como piensen. Aquí vale decir que el barrio nos une.

  3. Muchas Gracias por esos recuerdos que me han llevado hasta Los Berros y Santajusta que fui a Bailar una que otra vez al circulo Social. Siempre soñe con salir del Monte pero hoy reconozco que fue bello convivir en Familia y sentirse libre en las lomas. Gracias

  4. Mis mejores y más añorados recuerdos se encuentran relacionado con mi Santa Justa. Lugar donde mi corazón fue inmensamente feliz, lleno de alegrías y travesuras, con el sonido de los pinares y el aire, las ricas guayabas, naranjas y ciruelas, aquellos ríos donde todos pasábamos felices tardes o haciamos una escapadita al manantial!!
    Donde la alegría de mis abuelos eran esperar la llegada de sus hijos y nietos,los Diaz y los Guerreros. Te llevo en mi corazón Santa Justa querido.

  5. No tengo casi nada que decir porque ya todos han posteado sus recuerdos pero también viví esos lindos tiempos de mi niñez y juventud en la finca donde mi querido padre acaricio cada una de sus piedras. Lindos recuerdos que no se borran jamás.

  6. Estimado Orestes

    Mis saludos, extremadamente agradecido de su crónica, yo soy natural de mi guerida Santa justa, estudié la primaria en la escuela Francisco Cabrera de 1964-1969, a toda tu familia la conozco es parte de la mía, posteriormente continúe mis estudios y realicé los estudiso universitarios en la extinta URSS, me gradúé en 1982 y fui ubicado en Holguín, donde estoy radicado desde entonces y me desempeño actualmente como Director de un Centro de Estudios en la Universidad de Holguín, desde el 2002, al mudarse mi último hermano Eddy, fallecido en diciembre de 2016, no he vuelto vuelto más a mi natal Santa Justa, tus padres Orestes y Alba me conocen perfectamente y además tu abuelo Vitaliano y mi padre Manolo Rodrigo eran primos hermanos, te felicito y muy bueno que le hayas dedicado este escrito a nuestra querida Santa Justa y que se repita.

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