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Es triste la historia del pueblo Sarahuí, relegado por Marruecos al desierto en condiciones hostiles y rayando el límite de lo infrahumano. Allí viven amigos de estudios universitarios, como Limán Boisha y Alí Salem (en la foto). Buenos chicos que llegaron a Cuba niños y se fueron hombres. Hoy luchan exiliados en España, desde los medios de comunicación, por la libertad de su pueblo. De otros, como el libio Alí Abdúl Alí, no he tenido más noticias.

Muy distantes de las calientes arenas del desierto, otras personas sufren la falta de opciones de desarrollo y la crueldad de las políticas capitalistas. En las márgenes del Amazonas brasileño, asentamientos de pueblos originarios viven en siglos de retroceso, incluso sin contacto con la civilización.

Pero no solo la pandemia del olvido llega a lugares inhóspitos. En el centro de grandes ciudades con desarrollo industrial, varias minorías se tienen que contentar con las migajas de sus semejantes, seres elegidos por otros seres que no miran hacia abajo. Siglos de explotación demarcan las diferencias.

Políticas sociales, económicas y de progreso mal trazadas acrecientan el número de marginados y de minorías perseguidas por el racismo, la pobreza y la falta de opciones.

Cólera, dengue, ébola y el hambre, mucha hambre y enfermedades curables y ordinarias, merman las poblaciones de los desposeídos en todos los continentes. A ello se suman otras, como la covid-19, que, aunque difícil, sí es posible amortiguar sus impactos. No podemos olvidar las guerras, el cambio climático y las propias sendas que ofrece la existencia, unas con salidas airosas, otras sin luz.

Quizás lo peor es que la concepción torcida del desarrollo cala como derecho divino entre quienes triunfan, y la filosofía del fracaso endurece las mentalidades de los desdeñados. Así, tristemente, hay masas desamparadas que miran sus realidades como una mala suerte que les tocó vivir y esperan con resignación, y hasta con avidez, la muerte para ver si en otra reencarnación su destino cambia.

Por suerte, existen partes niveladas con opciones de estudios, trabajo y derechos. Hay seres justos y con justicias. Hay poblaciones agradecidas que buscan convivir en armonía con ellos y con el entorno. También hay sistemas con un balance entre ideas y acciones, donde la mayoría puede tomar parte, si así lo desea.

Hands on a globe — Image by © Royalty-Free/Corbis

Nunca como antes, la población mundial llega a su día, establecido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 11 de julio, en medio de tan cruciales desafíos. Como expresara nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro, un mundo mejor es posible. Necesario. Imprescindible. O nos quedamos sin uno.

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One thought on “Un mundo mejor, necesario, imprescindible

  1. ¿Hay esperanza para nuestro mundo? Con tanto desastre, ¿nos rendimos? Para todos los que hacen el bien, parece que hay otros que quieren deshacer el buen trabajo por sus propias causas. Hoy creo que necesitamos líderes visionarios para encaminarnos hacia un mundo mejor. Siempre es más oscuro antes del amanecer.

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