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Un acuerdo de Rusia y Turquía sobre el fin de la crisis en la provincia siria de Idlib se logró con un alto precio de compromiso e intereses aún por descifrar.

La sala del Kremlin, donde tuvieron lugar las conversaciones, primero tres horas entre el presidente ruso, Vladimir Putin; y su similar turco, Recep Tayyip Erdogan, y luego a nivel de delegaciones, estaba llena de simbolismos. Uno de estos es un retrato de la exemperatriz Ekaterina II. Con la imagen de fondo de la ganadora oficial por la corona rusa en la larga guerra ruso-turca por la posesión de Crimea, Erdogan debió mostrar toda su habilidad para ser realista, ante un Putin sereno y casi seguro de lograr un acuerdo en al menos dos puntos.

El arreglo resulta muy positivo: se impone un régimen de cese de hostilidades, un zona desmilitarizada en torno a la carretera M-4 y un patrullaje conjunto de esa estratégica arteria entre militares turcos y rusos.

Rusia en ningún momento cedió las posiciones ocupadas por el Ejército sirio como la ciudad e Saraqueb, que domina la carretera M-5 ente las ciudades de Damasco y Alepo, y otras localidades recuperadas en la provincia siria de Idlib, fronteriza con Turquía y donde ese país buscaba hacerse fuerte.

Expertos del medio digital Voenoe Obozrenie destacan que Turquía lo calculó todo mal, pues pensó que sus fuerzas serían superiores a las sirias en Idlib y que Rusia en ningún momento iba a participar en los combates para evitar malograr los nexos con Ankara.

Pero, por el contrario, Rusia reaccionó de forma drástica, apoyó a las fuerzas sirias al rechazar las ofensivas de grupos terroristas, incluso con apoyo turco, y realizó acciones que alertaron a Ankara sobre su disposición a respaldar firmemente al Ejército sirio.

Turquía en un primer momento logró cierta superioridad con el empleo masivo de drones de asalto contra posiciones de las fuerzas sirias, pero éstas trasladaron a Idlib armamentos antiaéreos de precisión, lo cual llevó a la destrucción de al menos ocho drones.

La publicación rusa comenta que las fuerzas sirias, gran parte de estas de élite, que contaron con respaldo en el terreno del movimiento libanés Hizbullah y la guerrilla palestina, lograron rechazar todos los ataques de los extremistas, lanzados horas antes de las pláticas en el Kremlin.

Todo ello no dio las mejores opciones a Erdogan para imponer condiciones en la reunión con Putin, estimó el medio digital.

Rusia logró que Turquía reconociera en el citado documento la necesidad de mantener la integridad territorial de Siria y de respetar su soberanía, así como el compromiso de combatir a los grupos terroristas reconocidos por la ONU, como lo son casi todos los reunidos en Idlib.

Además, el acuerdo echó por la borda eventuales planes de Washington de lograr una confrontación entre Moscú y Ankara en Idlib, mientras que también se constató con ello el interés de ambas naciones de mantener el nivel de reconciliación logrado para continuar la cooperación.

Putin y Erdogan asistieron a la reciente inauguración del gasoducto Torrente Turco, que lleva gas, a través del mar Negro, a una localidad cercana a Estambul, de donde llegó a Bulgaria, que debe garantizar ahora la extensión hasta Serbia.

Turquía también reforzó su cooperación técnico-militar con Rusia al adquirir los complejos antiaéreos S-400, que provocó un diferendo con Estados Unidos, que llegó a amenazar con sanciones.

De igual forma Rusia logró, al menos formalmente, conservar el trío de garantes de la paz en Siria, el cual también incluye a Irán.

Medios de prensa locales estiman que Putin también debe mantener el diálogo constructivo con Erdogan, quien dentro de poco deberá ir a elecciones ante una oposición que lo acusa de traición a la Patria por ceder terreno en el caso de Idlib y por negociar con Rusia.

Para la oposición radical turca constituye al menos un error político sentarse a la mesa de conversaciones con un aliado de un Gobierno como el del presidente sirio, Bashar Al Assad, cuyo derrocamiento nunca fue ocultado por Ankara.

Lo cierto es que en Moscú, se logró un sano batido de intereses que desembocó en un pragmático acuerdo para poner fin a los combates. Sin embargo, será necesario probar en el terreno, si las partes enfrentadas se deciden, realmente, a cumplir con los postulados del arreglo.

(Con información de Prensa Latina)

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