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Aún no se tiene una fecha exacta de cuándo se produjo el extraordinario acontecimiento de la llegada del ferrocarril al municipio Banes, territorio ubicado al norte del oriente cubano. Lo cierto es que ya han pasado más de cien años de este hecho, que devino en dos razones paradójicamente contradictorias: un desarrollo mayor para esta localidad y un aumento sustancial de la explotación de sus ciudadanos.

Indiscutiblemente, con la construcción del “camino de hierro” en este territorio, se avanzó de forma extraordinaria en los medios de transporte, que a finales del siglo XVIII eran muy rudimentarios, donde predominaba los de tracción animal.

Pero no solamente el ferrocarril trajo para los banenses la prosperidad que tanto añoraban, ya que el mismo posibilitó incrementar la explotación de los trabajadores y obreros agrícolas que tuvieron que derramar su sudor y su sangre en aquellos tiempos.

De todo lo que hemos expresado hasta el momento existe un testigo fiel: “El Panchito”, la primera locomotora que tuvo Banes en 1888, y que aún existe, expuesto en un sitial construido para ella en la plaza En losTiempos, con más de un siglo de existencia a cuesta.

“El Panchito”, comparada con una de esas enormes y poderosas locomotoras de nuestros tiempos, parece una máquina de juguete diseñada única y exclusivamente para la diversión de los niños, o al menos esa es en realidad la impresión que tengo cada vez que la veo.

Si diéramos rienda suelta a nuestra imaginación y tratáramos de establecer un diálogo con esta diminuta mole de hierro, podría contarnos toda su larga e interesante historia durante el tiempo que estuvo prestando servicio.

Nos relataría, por ejemplo, las ganancias millonarias que alcanzó la familia Dumois, de origen francés, explotando las enormes plantaciones de plátano fruta que poseían, así como las mañas y sutilezas empleadas por la compañía norteamericana United Sugar Company para penetrar en Cuba precisamente por este territorio, y a cuyos dueños esta añeja locomotora le sirvió de esclavo.

Indagando en la historia del municipio de Banes, encontramos en la edición del periódico  “El Pueblo”, un diario banense, correspondiente al sábado 4 de mayo de 1935, el siguiente escrito: “La  tarde del día en que el General Mariano Lora vino a quemar a Banes en 1896, El Panchito, arrastrando nueve carros, llenos de familias, se dirigía hacia el embarcadero; y allá por Fombellida, le salió al encuentro el Coronel Bruno Meriño, obligándolo a parar su marcha.”

“Ya inmóvil aquel pequeño bruto de hierro, el Coronel invitó a las familias en fuga a que abandonaran las jaulas, al mismo tiempo que ordenaba que siguiera su ruta sólo… y a pocos metros El Panchito se sepultaba en una alcantarilla, para permanecer allí el tiempo que estuvieron en guerra Cuba y España”.

¿POR QUÉ LA LOCOMOTORA ASESINA?

Concluida la guerra, “El Panchito” volvió a correr sobre los mismos rieles. Pero tanto tiempo de inactividad, castigado por los fenómenos atmosféricos, parecía como si hubiese perdido la capacidad de razonar, se había vuelto salvaje, al extremo que dejó una larga lista de muertos y mutilados que aún pesan en su conciencia de acero.

En una ocasión destrozó una pierna al obrero Félix Batista, y un brazo a Benito Rojas, y en una noche, considerada como la de mayor desgracia, en El Embarcadero, cometió su primer homicidio, al privar de la vida a un tal Lino e hirió gravemente a otro obrero conocido por Nicasio.

De ahí para acá “El Panchito” fue bautizado con otro nombre: La Locomotora Asesina, por la gran cantidad de lágrimas que hizo derramar y el temor lógico que impregnó en aquellos tiempos en muchos corazones.

Pero en realidad “El Panchito” no era ningún homicida, pues la verdadera responsable de aquella muerte y lesiones fue la imprudencia de los propios hombres que en ella trabajaban, y los dueños de la máquina que no garantizaban los medios de protección necesarios a sus empleados.

En relación a esa reliquia rodante, con 129 años de existencia, bien pudiera hacerse el intento de arreglarlo, restaurarlo y dejarlo como en sus buenos tiempos.

Tal vez, y sólo así, algunas generaciones de banenses que no hemos tenido el privilegio de verlo funcionar, podríamos admirarla libre, con su fogosa respiración de vapor, montada de nuevo en los rieles; demostrando que ella es un pedazo de la historia de Banes y de Cuba.

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