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En una fecha como hoy, Día de la Prensa Cubana, traté de resistirme a la recurrente tentación de citar a José Martí para referirme al significado de esta profesión. Sin embargo, fue en vano.

La “culpa” la tiene esta frase: “Sólo quien sabe de periodismo y de lo costoso del desinterés, puede estimar de veras la energía, la tenacidad, los sacrificios, la prudencia, la fuerza de carácter que revela la aparición de un diario honrado y libre”.

Si algo me transmitieron estas palabras fue la sensación de que únicamente alguien más que lo haya ejercido es capaz de entender a quienes diariamente nos encontramos a mitad de camino entre el hereje y el guerrero.

Para nuestro Apóstol de la independencia, sin dudas el más brillante e imperecedero colega de profesión, la nuestra es una tarea de desapego y altruismo en la que se debe dar todo de uno mismo sin esperar mucho o nada a cambio; porque no hay nada más parecido a un acto de desprendimiento que esa muerte prematura e inexorable de nuestro trabajo una vez que es consumido por la audiencia o los lectores.

Selfie de parte del Departamento Informativo y miembros de la delegación de base de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) de Radio Banes en la tarja que honra la memoria de Cristina Aguilera Atencio, decana de los periodistas banenses.

Por suerte -creo-  todavía desconozco lo que realmente significa ser periodista, si es que realmente encierra algo distinto con respecto a cualquier otro oficio, alguna trascendencia no prevista que solo con el tiempo se va develando y para la que, tengo la impresión, existen tantas formas de presentarse como personas que lo ejercen.

Pienso que este desconocimiento me protege. Se convierte en una rara virtud que me permite llevar ese cetro del que habló Martí con una gran dosis de inocencia, todavía, quizás la misma de quien lo calificara como “el mejor oficio del mundo”, mientras me llega el momento de comprender que es también decir lo que alguien no quiere que se diga, porque si no es sencillamente relaciones públicas. O dicho martianamente, “buscar clavar la verdad en los corazones”.

Acaso aspiramos demasiado y la cera de nuestras alas se derrita, pero pretender menos, buscar algo distinto que no sea arder en “la pasión de la verdad”, sería rebajar nuestra labor a eso que Voltaire llamó “vender el alma por tres escudos al mes”.

Lo que intento decir es que hoy, 14 de marzo, cuando 128 años atrás saliera a la luz por primera vez un rotativo llamado Patria, sigo aún sin comprender totalmente qué significa ser periodista, y por el acto de fe que significa serlo, hasta cierto punto me alegro por ello.

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