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Una pequeña escalinata empinada hay que subir para llegar hasta la escuela “Héctor Güidis Norat”, de esta ciudad de Banes. Allí, entre sus paredes, se ve en vivo y en directo una de las obras más hermosas de la educación en Cuba.

Dedicada a la atención de niñas, niños y adolescentes con necesidades educativas especiales, su colectivo lleva años acumulando experiencias y anécdotas hermosas, donde las familias, los educadores y los pequeños forman una unidad indivisible. Ellos, como el resto de las instituciones educativas de la Enseñanza Especial en el país, ya iniciaron el curso 2021- 2022, lo que los convierte en una de las primeras escuelas del municipio de Banes en entrar en la nueva etapa.

El bullicio de los niños recorre los pasillos. Ya eran meses de un silencio desacostumbrado. La vuelta a clases y el inicio de un nuevo curso los tiene a todos en el límite del entusiasmo. Katia Martínez Amieiro, la directora, nos recibe en plena labor. Muchas son las responsabilidades: el control de la vacunación de los niños, las medidas higiénicas establecidas, el avance del diagnóstico integral.

“Comenzamos el 15 de noviembre, con el acto de inicio de curso, dándole la bienvenida a los alumnos y las familias, un momento muy especial para todos ellos y también para nosotros. Esperábamos con ansias volverlos a ver, iniciar con todos los procesos de la escuela. Estamos trabajando de manera habitual, prestando todos los servicios, incluyendo el de almuerzo y meriendas, pues funcionamos como seminternado”.

El filtro sanitario estricto recibe al visitante, “clonado” en las aulas, los baños y el comedor. Las mascarillas y el distanciamiento siguen marcando el día a día de la escuela, que tiene en este curso nuevos retos. “El primer paso es el diagnóstico integral a docentes y alumnos que se aplica en todas las enseñanzas. Tiene como objetivo lograr una caracterización profunda de cada estudiante y profesor ante el azote de la pandemia de covid 19. A partir de ello podremos diseñar las acciones específicas para contribuir con el proceso docente de una mejor manera”.

Foto de antes de la pandemia de la covid-19

Eso de particularizar la atención es uno de los postulados del Tercer Perfeccionamiento Educacional, que se aplica en todo el país; sin embargo, es ya habitual para los pedagogos de la Educación Especial.

“Lo principal es identificar las necesidades y las potencialidades de los estudiantes”, afirma Katia. “A partir de ahí, la psicopedagoga, la logopeda, los maestros terapeutas, las distintas especialidades, inician el tratamiento diferenciado, que no se circunscribe al espacio de la escuela, sino que se extiende al ámbito familiar y comunitario.”

“El papel de la familia es determinante en nuestra enseñanza. Tenemos familias muy preocupadas, consagradas no sólo al cuidado y la protección de sus hijos, sino además a la colaboración con la escuela. Nos ayudan mucho en este aspecto las charlas educativas, las dinámicas familiares, las escuelas de educación familiar, que están dirigidas a capacitar a la familia para que pueda reafirmar las habilidades que sus hijos adquieren en la escuela. Nuestra meta es prepararlos para la vida adulta e independiente, por eso, además de lo académico, se refuerzan aspectos que pueden ir desde la vida diaria, como tender las camas, poner la mesa, o elaborar platillos, hasta la preparación laboral. Y en esos aspectos la cooperación de casa es fundamental”.

La imagen de un adolescente de 12 años explicando cómo “vestir” un pastel con merengue mientras ejecutaba con precisión de maestro dulcero cada actividad que narraba, es uno de los recuerdos que esta reportera guarda con mayor cariño. En los Eventos de Habilidades Laborales, desarrollados tradicionalmente en febrero, los muchachos y muchachas de la Educación Especial muestran destreza en preparación de jugos y ensaladas, confección de artesanías y muchas otras actividades que los llenan de regocijo y anticipan lo que el futuro les puede proveer.

El inicio de estas actividades está en la escuela, donde se cuenta con los medios necesarios para introducirlas. Ariana Rodríguez Varela es la subdirectora de formación laboral en la escuela especial “Héctor Güidis”. Su labor es fundamental para el fururo de los alumnos

Foto de antes de la pandemia de la covid-19

“En estos momentos estamos realizando los convenios con los centros de producción y servicios donde se encuentra a ubicados nuestros educandos. Tenemos un total de 23 estudiantes que van a vincularse a estas entidades; algunos son del noveno grado y otros del cuarto ciclo, que para nosotros en la enseñanza especial es un ciclo complementario dedicado específicamente a su formación laboral, donde adquieren conocimiento y habilidades en determinados oficios. En los centros se realiza una presentación de los estudiantes por parte de nuestros profesores, en la que participan también familiares, y se convenia la estancia de los alumnos y las habilidades que deben ir venciendo en la etapa.”

“La familia se vincula mucho con este proceso, y a los niños les encanta. Siempre tomamos en cuenta sus preferencias a la hora de inclinarlos por alguna especialidad, y también son aspectos a tomar en cuenta la zona de residencia, las posibilidades de empleo y la opinión familiar”.

“Es muy satisfactorio haber logrado la incorporación laboral de decenas de estudiantes en disímiles puestos, y constatar su participación activa en la sociedad, donde pueden sentirse útiles y ganar su sustento”, recalca Ariana Rodríguez Varela.

Hay que subir una pequeña escalinata para llegar a la escuela especial “Héctor Güidis”. Es como la metáfora de los que en ella se hace: elevar a sus muchachos hacia las cumbres, venciendo cualquier dificultad. Una historia que tiene en este nuevo curso que se inicia una nueva página para llenar de momentos inolvidables.

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