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Vilma estaba destinada a ser una mujer excepcional. El hecho de estar entre las dos primera féminas que lograron alcanzar el título de Ingeniera Química Industrial en el país le hubiera garantizado esa condición; pero fue otro tipo de “química” la que la hizo convertirse en una figura trascendental de nuestra Historia, esa que se tiene con el pueblo y con las causas justas.

En una época en que los movimientos feministas en Cuba y el mundo eran apenas un sueño, una santiaguera, hija de José Espín y Margarita Guillois, logró imponerse, a fuerza de coraje e intrepidez, en un mundo al que a las de su sexo biológico les era doblemente difícil: el de la lucha revolucionaria.

En 1948, en la entonces recién creada Universidad de Oriente, una hermosa y sencilla joven participaría en casi todos los aspectos de la vida universitaria: miembro de la coral de la Casa de Altos Estudios, del equipo de voleibol y miembro asidua del grupo de danza, incluido el hecho de que desde pequeña estudiara ballet.

Solo con eso le hubiera bastado para ser excepcional, pero Vilma, que pudo elegir muchos destinos, se decantó por el que la situaría en el escalón más alto del reino animal, al decir de un médico argentino que poco años después se convertiría en su compañero de guerrilla, donde además conocería al amor de su vida.

Desde las aulas universitarias, y dentro de la militancia de la Federación Estudiantil Universitaria Oriental, se involucró en la vida política del país, la que en poco tiempo le demostraría que el único camino posible para los cambios era el de la insurrección armada. Es por eso que su casa sirvió de refugio para los asaltantes al Cuartel Moncada ante la represión desata por la tiranía.

Es así que conoce Frank País, se integra al Movimiento Revolucionario 26 de Julio y participa en el alzamiento del 30 de noviembre de Santiago de Cuba en apoyo a los expedicionarios del yate Granma. Luego de este acontecimiento, su vivienda se convertiría en el cuartel general del movimiento revolucionario en Santiago.

Sube a la Sierra Maestra en varias ocasiones en compañía de Frank, entre ellas en la que acompañó al periodista norteamericano del New York Times, Herbert Matthews, a la presencia de Fidel.

Poco antes del asesinato de Frank País, es designada Coordinadora del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en la provincia de Oriente, labor que desempeñó hasta que, ante el acecho y la persecución constantes, se incorporó al Ejército Rebelde, en junio de 1958, convirtiéndose en guerrillera del Segundo Frente Oriental, cuyo nombre no podía ser otro que el de Frank País García.

Al triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959, encabezó la unificación de las organizaciones femeninas constituyendo la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) el 23 de agosto de 1960, a cuya organización, desde su máxima dirección, se consagró hasta el último minuto de su vida.

Integró el Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde su fundación en 1965, condición en que fue ratificada en todos sus Congresos.

Vilma Espín presidió desde su creación la Comisión Nacional de Prevención y Atención Social y la Comisión de la Niñez, la Juventud y la igualdad de derechos de la Mujer, de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Fotos tomadas de Internet

Por sus relevantes méritos recibió múltiples condecoraciones, títulos y órdenes nacionales e internacionales, entre las que se destaca el título honorífico de Heroína de la República de Cuba.

El 18 de junio del 2007, la vida de quien pudo ser muchas cosas, pero ante todo decidió ser una mujer sencilla, humilde y revolucionaria, defensora de las causas justas, entró definitivamente en la trascendencia histórica que, de no haber sido nada de esto, igualmente le estaba deparada.

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