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Hace algunos días me senté a conversar con mi mejor amiga recordando nuestros tiempos de salidas.

Juntas desde la infancia, teníamos mil historias que contar: los juegos en el barrio, los viajes al Parque Infantil, las obras hechas en el cine, las visitas escolares a la Sala de Video, las marchas del 28 de enero y la emoción de los disfraces, los famosos 15, tanto los nuestros como lo de las amistades, los sábados en el pueblo, salidas a la Rueda en Guardalavaca o a Yatobá a ver la luna reflejarse en la presa.

Pensamos en todo lo que teníamos que hoy ya no está. Muchas de estas aventuras las ha impedido la pandemia del coronavirus, pero muchas otras ha sido por el descuido que ha existido con estas instalaciones.

Comenzamos a soñar imaginándonos emprendedoras y que juntas formamos una micro, pequeña o mediana empresa. Mi gusto por los niños me hizo pensar enseguida en el Parque Infantil, en cuántos equipos hermosos, si pudiese, colocaría allí: algodones de azúcar, un puestocito de helado, venta de pececitos, y por supuesto, muchos juegos infantiles, y no solo los equipos mecánicos que traían a los carnavales, sino también los juegos de mesa e interactivos.

Mi amiga, por supuesto, pensó en el cine tan glorioso en sus tiempos, tan querido por Banes y tan perdido en la historia. Imagino que en su mypimes haría de él un cine en 3D, donde todos irían a ver el futbol, los Juegos Olímpicos, una película en estreno; también allí se realizarían obras de teatro, puestas en escena de centros estudiantiles, de trabajos, otorgamiento de medallas y muchos hechos que antes eran característicos de él.

Y así pensamos en el hermoso Yatobá, con sus múltiples servicios, un centro cotizado por el pueblo que cada vez se destruye más, en el Palacio de los Matrimonios, tan distintivo en nuestras fiestas de 15, bodas, celebraciones de cumpleaños o cualquier otra festividad, un centro afrodisíaco que pierde su esencia con los años.

Las dos, conscientes de que si nuestros organismos gubernamentales pudiesen, ellos mismos lo arreglarian, pero el escaso presupuesto es destinado a problemas sociales con mayor importancia, esto por no hablar de los gastos que ha traído consigo la pandemia.

Tal vez mi amiga y yo nunca podamos cumplir nuestro sueño y ser nosotras las encargadas de traer a la vida estos gloriosos monumentos de la ciudad, pero alguien más, destinado a soñar con las nuevas oportunidades que nos brinda la creación de micros, pequeñas y medianas empresas, tal vez puedan hacer realidad el anhelo de miles de baneses.

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