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Brian Pérez Fuentes no sobrepasa los 20 años de edad. Le encanta el tocinillo del cielo, su postre favorito. Conoce de memoria los ingredientes para hacerlo: la harina de maíz y el azúcar son esenciales para lograr que la masa sea homogénea. Brian cocina con su mamá ese riquísimo postre, parte imprescindible de la repostería cubana. Casualmente, fue un día, mientras lo preparaba, que su papá Luis Alberto le dio la idea de apoyar en su comunidad la labor de enfrentamiento a la covid-19.

La familia de Brian hace mas de 30 años se estableció en el poblado de Cuatro Caminos, a unos pocos kilómetros de Playa Guardalavaca, en este nororiental territorio. Su padre trabajaba transportando personas en el carro que heredó de su abuelo. Todo eso fue antes de que los médicos le diagnosticaran la gota, una enfermedad que lo confinó a una silla de ruedas.

Luis Alberto no se deshizo nunca del auto, contrató a alguien más para que la condujera y siguió aportando de esa forma al sustento familiar. Además, Brian crecería y seguramente lo necesitaría. Y así fue, Brian hoy es un joven universitario que domina muy bien el arte de conducir tras el volante.

Cuando iniciaron los procesos de vacunación contra la covid-19 en localidad de Cuatro Caminos, tanto su padre como él sabían que tenían que aportar a esta tarea. De ahí surgió la iniciativa de que Brian se presentara al Consultorio 3 de Cuatro Camino, institución de la atención primaria de salud escogida como centro vacunatorio, para poner a disposición del personal de salud de forma gratuita la máquina de su padre para apoyarlos en lo que hiciese falta.

“Ese día me presenté al Consultorio y ellos se pusieron muy contentos, me dijeron que les hacía falta que los ayudara transportando medicamentos y hasta las propias vacunas desde la Sala de Rehabilitación de Cañadón, siempre acompañado de un directivo del área de salud”, rememora Brian, quien me aseguró que ese trabajo lo viene desarrollando desde que se inició la campaña de vacunación a toda la población. “Pero no solo hemos apoyado en el sentido de trasladar medicamentos, las vacunas y el material médico que se necesita para administrar las dosis de las vacunas, también he ayudado a trasladar hasta al centro vacunatorio a personas ancianas, postrados o que tienen algún tipo de discapacidad o enfermedad que les impida salir de sus casas. Todo eso lo hago de forma gratuita, sin cobrarles un solo peso. No solo los he trasladado hasta este centro vacunatorio, también he llevado población hasta el de Cuatro Vereda”.

Con una sonrisa, Brian me sigue diciendo: “Lo que más me anima a seguir haciendo esta labor es ver el agradecimiento de esas personas, en su mayoría ancianas, que hasta tocinillos de cielo me han regalado porque saben que me gusta, o cualquier otro dulce, porque ellos están tan contentos por mi ayuda que besos no me pueden dar, pero esas palabras de agradecimiento que nos dan a mí y a mi papá me reconfortan mucho”.

A las doctoras y a la enfermera Milagros Arias, del Consultorio 3 de Cuatro Caminos, Brian las ha llevado en la máquina de su papá para que ellas les administren las dosis de Abdala a ancianos que por la complejidad epidemiológica y su situación de salud no pueden ir a vacunarse. “La ayuda de Brian y su papá para nosotros ha sido fundamental. Y es que tenemos mucho que agradecerles, sin su apoyo no hubiese sido tan efectivo y rápido el proceso de vacunación en nuestra comunidad”, me dice Milagros.

A Brian lo conocí en el centro vacunatorio de Cuatro Caminos. Él aguardaba paciente porque concluyera la vacunación de Estela, una anciana que vive sola y no tiene a nadie que la ayude. Cuando salió Estela de su hora de recuperación tras la administración de la dosis de la vacuna, enseguida Héctor Tejeda, coordinador de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la llevaba a buen recaudo hasta la máquina roja de Brian. El joven, sonriente, le decía a Estela: “bueno, mi abuelita, ¿se siente bien? Ya vamos de regreso a su casa; de forma segura llegará hasta allá”.

En sus palabras, además de la dulzura de ese postre que tanto le gusta, iba además el humanismo y la solidaridad de un país que le ha plantado cara a una mortal pandemia contando con personas como él, que son su mayor tesoro y fortaleza.

(Por Miledys Pérez Jiménez)

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