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Del doctor banense Carlos Domínguez Morera, o simplemente Carlos, el clínico, como lo conocían sus pacientes, compañeros de trabajo y los pobladores del área de salud de Cañadón, en este municipio, hay que hablar, ahora y siempre, porque no podemos permitir que su ejemplo caiga en el olvido, pues es el mejor arquetipo para quienes se pongan sobre sus hombros la bata blanca y el esfigmo.

La covid-19 nos arrancó esa vida tan querida. Se nos fue muy joven todavía. Y es que a sus 50 y tantos le quedaba mucho por vivir, por enseñar, por dar como profesional. Sus pacientes y familiares nunca se acostumbrarán a su desaparición física. Nadie que lo haya conocido tuvo consuelo este 5 de octubre. Duele mucho su pérdida.

Cuando el doctor Nelson Santiesteban Rosas, director municipal de Salud Pública, dio la noticia de su fallecimiento por la radio, no lo podía creer. Me repetía que no podía ser. Confieso que mi madre lloró como lloraron tantas personas por su muerte, esa que fue tan inesperada y desconcertante.

Este 5 de octubre de 2021, en muchos hogares banenses, sobre todo los ubicados desde Retrete hasta Guardalavaca, hubo luto y lágrimas por Carlos. Su pueblo sabía que se había infectado con el coronavirus y que batallaba por su vida en una unidad de cuidados intensivos. Conocíamos de que estuvo grave por varios dias, pero siempre albergábamos la esperanza de que saldría de esta.

Porque Carlos, a los ojos de su pueblo, de sus pacientes del área de salud José Manuel Ricardo, de Cañadón, siempre fue como una especie de San Rafael, santo protector para la salud; medico “adivino” era de todos los males que nos aquejaban. Su pueblo le tenia mucha fe, y si Carlos era una de nuestras supersticiones, fue la más hermosa de ellas.

Baste decir para quien no tuvo la dicha de conocerlo, que cuando iba a los consultorios médicos, los mismos se llenaban de pacientes. Centenares de personas acudían a verlo. Averiguaban no sé cómo su rotación, y si él estaba en un consultorio distante, como el del campo de pelota de Cañadón o en Samá, allá iban a verlo pacientes de todas partes, hasta de Guardalavaca, porque si Carlos, el clínico, valoraba la condición médica del enfermo, entonces había esperanza de vida y cura.

Doctor Carlos Domínguez Morera

A todos consultaba, a ninguno le decía que no. Y se le veía irse hasta los sábados a las seis o siete de la tarde después de atender hasta el último paciente. Por las zonas más intrincadas, subiendo lomas, allí iba Carlos repartiendo esperanza a través de su medicina.

Todo el mundo procuraba consultarse con él porque cuando daba un diagnóstico era muy certero y muy pocas veces se equivocaba. Los doctores de la familia le planificaban listas de pacientes porque eran muchos los que querían verlo y atenderse con él, pero cuando llegaba por fin el día de la consulta no valían esos papeles, todos querían consultarse con el clínico de Guardalavaca, que fama de excelente doctor siempre tuvo.

Cierro los ojos y no puedo olvidar su imagen. Lo veo pasar, con su caminar pausado, cabizbajo, con su hablar pausado, su carpeta negra al hombro y sus espejuelos tan suyos y geniales resguardando esos ojos que reflejaban nítidamente toda la nobleza que llevaba por dentro. Un ser humano de incalculable valor, como un Quijote enfrentando molinos que contaba con el reconocimiento y respeto de todo su gremio y de su pueblo.

Se nos fue Carlos, y siento tanto dolor e ira por dentro porque debimos haberlo cuidado más. Durante los últimos meses de trabajo estuvo enfrentando la covid-19 en los hospitales de bajo riesgo de Cañadón y el de Garbo, liderando a médicos y enfermeras. Un amigo me dijo que a Carlos no lo iba a detener la covid-19 ni nada a la hora de atender un paciente, y eso le preocupaba.

Nunca se escuchó brotar un no de sus labios cuando de atender a un paciente se tratara. Fueron la medicina y su vocación de servicio más fuertes que el miedo a la muerte. Era como nuestro resguardo.

Se nos fue, Carlos, el clínico, pero la fe y el amor por él siguen ahí. En ese pueblo que dejó, que me atrevo a decir fue, junto a tu familia, el que más lloró su partida.
Desde donde estés, bendice a los banense que viven hoy una etapa dura frente a la covid. Supiste ser el bálsamo para esos enfermos que tanta fe te tuvieron, y te siguen teniendo, porque la muerte no nos separará nunca de ti.

(Por Miledys Pérez Jiménez)

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7 thoughts on “Carlos, el clínico

  1. Esta enfermedad no tiene piedad, no lo conozco soy de Baguanos, pero de un solo país, lamentable pérdida para la familia, la sociedad y la medicina cubana, en especial para los pacientes de Banes.

  2. EPD querido Doctor Carlos,mi pesame a familiares y amigos,todos los que te conocimos supimos la excelente persona y professional que eras.Dios te tenga en la Gloria.

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