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A Reinerio Peña García todos en su barrio lo conocen. Es un personaje muy pintoresco y carismático. Se le ve ir y venir todos los días en su bicicleta, pregonando alto y fuerte: “Vendo escobas, chiquitas y grandes, trapeadores, brilladores y jabas, todo a un precio razonable”.

El Chinito, como cariñosamente lo llaman sus amigos, lleva 10 años ganándose su sustento con un oficio que aprendió desde bien niño con sus tíos. Se cuida como gallo fino de la covid-19 y no le vende escobas a nadie que no traiga puesto de forma correcta el nasobuco.

Cuenta que el primero en la familia que dominó el arte de tejer el yarey fue su abuelo y, previsor al fin, enseñó a sus hijos y nietos. Dicho conocimiento ha pasado de generación a generación en la familia Peña García. “Mi abuelo, antes del triunfo de la Revolución, hacía escobas, jabas, andaba montado siempre en un caballo por Los Berros y se ganaba la vida vendiendo sus producciones a la gente. Lo más gracioso era que le regalaba un caramelo a quien le compraba algo, gracias a él fue que aprendí a trabajar el yarey, se encargó de enseñarles todo lo que sabía a mis tíos y ellos nos enseñaron a nosotros”.

Luis reside en el reparto Betancourt, de esta ciudad, y como su hermano Reinerio, se gana la vida con el yarey. Hermosas creaciones salen de sus manos, entre ellas las jabas. Luis tiene una gran experiencia tejiendo, me dijo que es un proceso difícil, pues se debe escoger bien la materia prima, y toma también mucho tiempo prepararla, pero su familia lo apoya y eso es lo más importante para él.

“Nosotros somos hermanos y nos dedicamos todos al mismo oficio que nos enseñó nuestro abuelo. Yo me dedico más a la jaba, trabajar el yarey es una inquietud muy grande que me recorre el cuerpo como si fuera un bichito, no estoy tranquilo hasta que no haga en el día aunque sea una jaba. Somos siete hermanos y todos trabajamos el yarey, eso es algo que nos corre por las venas. Yo voy al campo a buscar el yarey, los campesinos nos lo venden y cuando lo traemos para acá lo tenemos que curar hasta que queda preparado para trabajarlo; tejemos con nuestras propias manos, no hay inventos ni máquinas que nos ayuden. Después que terminamos, según el tamaño y la calidad, le ponemos el precio”.

Reinier Évora Calzadilla es artesano, su cuñado le enseñó a tejer el yarey, las producciones que realiza llevan el inconfundible estilo de los Peña García. Recuerda que el día que tejió su primera jaba tardó ocho horas en terminarla. Pero se sintió muy orgulloso de ver como con sus manos era capaz de hacer arte. “El oficio de tejer el yarey y saber cómo trabajarlo es muy lindo, ojalá esta sea una tradición que no quede sólo en la familia y podamos compartirla con todo aquel que quiera acercarse a nosotros y aprender. Mi sueño es formar un taller para que las nuevas generaciones conozcan el oficio que nosotros desempeñamos con mucho orgullo, es verdad que da un poquito de trabajo y requiere de mucha paciencia y amor, pero el resultado, lo que podemos hacer con nuestras manos, es tan bello que tanto esfuerzo no importa cuando se hace algo que se ama”.

Los Peña García son una familia de gente trabajadora y sacrificada, acostumbrados a salir adelante con el trabajo honrado. Los une, más que los lazos de sangre, el amor por ser siempre reconocidos como los artesanos del yarey.

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