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Pedro Pablo Pérez Pupo tiene 32 años. Cuando les preguntas a los vecinos y a sus familiares por él, te dicen que es un joven muy despierto, activo y siempre presto a colaborar.

“En estos momentos curso el primer año de un curso voluntario de rescate y salvamento acuático. Cuando inició la campaña de vacunación frente a la covid-19 me presenté al consultorio médico de mi localidad y le dije a las doctoras y a la enfermera que les quería ayudar en lo que fuese necesario”.

Pedro Pablo siempre se sintió atraído por las carreras afines a la salud, por eso, cuando vio que podía ser útil en el centro vacunatorio de su localidad, no lo pensó dos veces para ofrecerse como voluntario.

“Aquí apoyo al personal de la salud en todo. Lo mismo entierro los materiales sanitarios desechables usados en la administración de la vacuna, apoyo en el tema de organizar la entrada de las personas al centro vacunatorio, superviso que la totalidad de los pacientes aguarden disciplinadamente la hora de recuperación tras la administración de las vacunas y en lo que haga falta; apoyo también a los grupos comunitarios en todas las tareas logísticas, que incluyen meriendas y almuerzo del personal sanitario”.

Sin que haya un sueldo o estipendio de por medio, este joven continúa su labor en los centros vacunatorios. “Mi labor es un poco compleja porque tienes que trabajar persuadiendo a la población a que hagan lo correcto. Pero bueno, son mis vecinos, gente que me conoce y la mayoría de ellos aprecian lo que hago”.

Pedro Pablo ha apoyado al personal de salud no solo de la localidad de Cuatro Caminos, sino que también brinda su ayuda en la zona de Guardalavaca, a pocos kilómetros de su zona de residencia. “En el centro vacunatorio de Guardalavaca todo ha fluido muy bien. Allí los delegados y el personal de la salud se ayudan mucho entre sí. Tuve la oportunidad de prestar mi ayuda en la vacunación de los estudiantes y niños con 11 y hasta 17 años de edad y todo se realizó de forma organizada; las familias y los niños de forma disciplinada acataban todo lo que les decíamos para evitar las aglomeraciones, me sentí muy contento”.

Este joven banense tuvo la oportunidad, además, de acudir a los hogares de pacientes postrados junto con los doctores de la comunidad y ser testigo de cómo la familia y los pacientes recibían con alegría al personal de la salud.

“Con este trabajo que he realizado, y seguiré haciendo en los centros vacunatorios, me he dado cuenta que el personal de la salud es muy sacrificado, y que quien escoge esta carrera debe estar muy enamorado de su profesión; la entrega de ellos es evidente y eso me enamoró aún más de la medicina”.

Con la mirada puesta en seguir prestando colaboración en los centros vacunatorios, jóvenes como Pedro Pablo demuestran que la juventud holguinera y banense le pone corazón al enfrentamiento a la covid-19.

(Por Miledys Pérez Jiménez)

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