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El 11 de octubre de 1971 es para la enfermera Dalvis Rondón Rivero, quien reside en el consejo popular de Cañadón, una fecha totalmente inolvidable.

Por esos tiempos, Dalvis recuerda que en esa comunidad rural banense no había médicos, ni tan siquiera un consultorio. Las transformaciones revolucionarias tenían lugar, pero de forma paulatina. En la década del 70, Dalvis pasaba un curso emergente para alcanzar el título de técnico medio en enfermería.

En Cañadón había solo una posta sanitaria por aquel entonces.  Ella se desempeñaba en ese lugar como auxiliar de enfermería cuando vio llegar a lo lejos a un joven vestido de verde olivo y se asombró. La posta sanitaria se ubicaba a la entrada del caserío de Cañadón y el joven llegaba hasta ese punto por el camino de Boca de Samá.

Dalvis le administró lidocaína en una de las muelas al joven, pues tenía un fuerte dolor. Agradecido, el muchacho se despidió de ella. Al otro día, Dalvis se entera del ataque a Boca de Samá. Uno de los fallecidos era Lidio Rivaflecha Galán, el mismo joven que el día anterior había acudido a la posta sanitaria y que Dalvis había atendido.

El nombre del joven en la hoja de cargo de Dalvis lo demuestra. Según esta enfermera, ha sido Lidio Rivaflecha uno de los pacientes que más la ha marcado profesionalmente. “Desde que atendí a Lidio Rivaflecha Galán supe que lo mío era el trabajo de enfermería. Ese joven y yo conversamos mucho ese día. Ninguno de los dos nos imaginamos que era la última plática para él. Me habló de su amor por la Revolución y yo de mi eterno agradecimiento a la obra impulsada por Fidel porque me había permitido estudiar enfermería”.

Después de graduada en el año 1974, Dalvis pasa a trabajar al hospital de Tacajó. “Allí aprendí mucho, sobre todo de la enorme responsabilidad que entraña para una enfermera trabajar en un hospital. Después me fui para el antiguo hospital Nicaragua, ubicado en Banes, pues se necesitaban enfermeras y allí consolidé mis conocimientos, y sobre todo, aprendí la importancia de estudiar mucho y tener dominio en mi trabajo para no fallar ni por un momento en las indicaciones que dan los médicos sobre el tratamiento de los pacientes”.

En Cañadón había una insuficiente cobertura médica y de enfermería en los años 70. No había médicos ni tampoco enfermeras graduadas en esa comunidad. Especialistas de Banes eran los que acudían a Cañadón una vez por semana para atender a los pacientes, me cuenta Dalvis. “Una vez que tuve el adiestramiento necesario como enfermera, pasé a trabajar a Cañadón. Fui una de las primeras enfermeras en ver con mis propios ojos cómo surgía el programa del Médico y la Enfermera de la Familia”.

“Me enamoré tanto de la atención primaria de salud que he trabajado por más de 25 años en ese programa. Tuve la oportunidad de vincularme a las primeras campañas de vacunación que se desarrollaron en el país para hacer del sistema de la salud más accesible a todos, que es lo que siempre ha promovido la Revolución Cubana”.

Dalvis Rondón es una enfermera muy querida por la toda la población y también por sus compañeros de trabajo. Dalvis le ha dedicado 48 años de su vida al ejercicio de la enfermería. Ella tiene la mano suave para inyectar, por eso en esta campaña de vacunación contra la covid-19, veía atónita cómo las madres, casi en su totalidad, querían que Dalvis inyectara a sus niñas y niños porque “con esa enfermera no lloran”, me decían algunas.  

Dalvis tiene mucho tacto para tratar a todos los pacientes, sobre todo a los niños, los endulza con su voz para que no le tengan miedo al pinchazo, y cuando se percatan ya recibieron la inyección y sus ojos sonríen muy agradecidos.

“Durante esta tercera etapa de enfrentamiento a la covid-19 he prestado mis servicios en cuerpos de guardia para infecciones respiratorias agudas, y sobre mis hombros ha estado también la mayor parte del proceso de vacunación para la población mayor de 19 años y para la pediátrica también de esta zona. Por mis patologías de base no he podido estar en Zona Roja, por eso apoyo en lo que haga falta para no cargar tanto de trabajo a mis compañeras”.

Cuando le pregunté sobre la necesidad que tiene este municipio de graduar a más enfermeras y enfermeros, pues las activas tienen ya sobrados años de experiencia laboral pero son muy pocas las jóvenes que hay ejerciendo esta profesión, asintió con la cabeza y me dijo: “Nuestra profesión, la enfermería, es muy bella, pero sobre todo, sacrificada. Es verdad que necesitamos de más jóvenes que opten por esta carrera, pero creo que no queremos masividad, sino profesionales que en verdad amen y tengan vocación de servicio; si los logramos sumar, aunque sean pocos, valdrán por más de 100”.

Dalvis nunca olvida a su primera paciente, una anciana a la que le tuvo que retirar una astilla de madera para salvarle el pie. Fue en ese momento que se dio cuenta que la enfermería sería parte indiscutible de su vida.

(Por Miledys Pérez Jiménez)

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2 thoughts on “Pasión de enfermera

  1. Estos últimos años todos tenemos una deuda de gratitud con las enfermeras del mundo. Han tenido el valor y la dedicación de ayudarnos a superar la pandemia. Gracias Dalvis.

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