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Keyler, con tan solo 4 años de edad, me cuenta que lo que más ama de su mamá es como le cocina; mientras que Diego me dijo que su madre siempre tiene tiempo, aunque llega cansada del trabajo, para jugar con él a los carritos.

Los pequeños entrevistados del círculo infantil “Estrellitas del Futuro”, en este municipio de Banes, coinciden en que sus madres siempre sacan un espacio para arrullarlos con nanas en las noches o para contarles un cuento antes de dormir. Pero no todos cuentan con la suerte de ellos, hay niñas y niños cuyas madres nunca les podrán decir “te amo” porque hay una barrera muy grande que nunca les permitirá a ellas escuchar las voces de sus hijos: el silencio.

“Mi hija es sordomuda y es también madre soltera; aunque el papá de su niño la ayuda mucho, ella es la que se encarga de proveerle lo fundamental a su hijo; además, vive sola con él”, me dice Rubizeyda Jiménez Ricardo, madre de Mileidys Pérez Jiménez, quien es una joven discapacitada, miembro de la Asociación Nacional de Sordos de Cuba en este municipio de Banes, la cual, con el apoyo de su familia, se ha insertado en la sociedad convirtiéndose en una madre ejemplar.

Ian y su abuela Rubizeyda. Fotos de la autora.

“Cuando mi hija salió embarazada supimos que se nos venía una etapa muy difícil, pues tuve que acompañarla a todas sus consultas médicas, algo que no era necesario hacer con una mujer oyente, pero en ningún momento me quejé porque amo a mi hija”, me cuenta una madre que es también guerrera como su hija, pues lucha diariamente contra una enfermedad como el cáncer.

“Cuando nació el niño yo dormía junto a ella porque en las noches, cuando el bebé lloraba, ella no podía oírlo. Pero aparte de todo eso, mi hija fue lo suficientemente independiente y fuerte para criar a su hijo. No hay nada que la detenga, es una madre preocupada. Ella participa en todas las reuniones de la escuela, lo ayuda con las tareas y la comunicación entre ellos es impresionante, el niño con tan solo 9 años de edad domina completamente el lenguaje de señas y eso no lo ha afectado en su relación con las demás personas, pues se comunica normalmente con quienes lo rodean”.

Ian Eberto Vázquez Pérez es el hijo de Mileidys, él sabe que su mamá es discapacitada y miembro de la comunidad sorda, pero conoce también que eso no lo hace diferente de los demás niños. Su mamá sí es diferente a las otras, pero su discapacidad la hace aún más sensible, y no inferior. “Yo estoy muy orgulloso de mi mamá, la amo cantidad y no la cambiaría por otra. Mi madre no será enfermera, doctora o maestra, pero es también útil a la sociedad. Es un ejemplo para mí, yo la cuido mucho y la ayudo. Yo soy la voz y los oídos de mi mami. En este Día de las Madres le regalo todos los besos del mundo”, dice sonriendo.

A Mileidys el destino le negó la posibilidad de oír y hablar, de escuchar el llanto de su bebé al nacer, desconoce la voz de su propio hijo, quien no por esa causa le deja de decir mamá donde todos lo oigan, porque orgullo es lo que siente por ella. Pero el destino le dio a cambio un corazón enorme, lleno de amor para dar a su hijo.

(Por Miledys Pérez Jiménez)

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