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Cuando “ellos se comunican entre sí, las personas los miran atónitas. Les sucede en todas partes, en el autobús o esperando en una parada, en la cola de una bodega y hasta al extraer dinero de un cajero automático.

A mucha gente les molesta, ofende y parece extrañarles el modo que “ellos” utilizan para intercambiar. “Ellos”  son personas normales, como tú y como yo, sólo se diferencian en que hablan por medio del lenguaje de señas, pero hay gente que no entiende eso y muchas veces los rechazan sin tan siquiera explicarles lo que quieren saber porque no los entienden.

En el municipio de Banes existen más de 100 integrantes de la Asociación Nacional de Sordos de Cuba (ANSOC). Ellos son activos, entusiastas, laboriosos, inteligentes y creativos.  Los distingue su afán de interactuar, de disfrutar de la vida, de ser escuchados por los demás, sobre todo por ese grupo que no conoce ni se interesa por aprender el lenguaje de señas.

Conozco varias historias de discriminación hacia sordo-mudos o personas con déficit auditivo, que van desde el abandono del estudio por el bulling escolar, la falta de oportunidades laborales, familias que prohíben la relación sentimental compuestas por parejas oyentes y sordas, hasta empleadores que rehúsan contratarlos en algunos puestos laborales o los ubican en las plazas menos remuneradas sin darles oportunidad de superarse.

Ser discapacitado en todas sus manifestaciones no es un pecado ni es causa para que algunos miembros de la sociedad los repudien o se rían de ellos por su condición, que para nada los hace inferiores a otros. El que hace eso sencillamente es ignorante e insensible. 

Fotos tomadas de Internet

Las familias tampoco deben abandonar, esconder o avergonzarse de sus hijos, nietos o hermanos discapacitados, por sólo citar algunos vínculos filiales o consanguíneos. Con la aprobación del nuevo Código de las Familias el pueblo cubano potenció la autodeterminación, preferencias y la igualdad de oportunidades en la vida familiar de las personas adultas mayores y aquellas en situación de discapacidad. Por lo tanto, ir en contra del Código es violar la ley y eso implica consecuencias legales.

Llamemos entonces al respeto cívico y espiritual hacia la discapacidad en todas sus formas y manifestaciones. Rescatemos entre todos los valores humanistas que nos inculca nuestro género y luego el sistema social en el que vivimos.

El primer paso que tenemos que adoptar es convivir en armonía e inclusión social con los discapacitados. En el caso de los miembros de la ANSOC, estos no son parte de una comunidad, sino de nuestra sociedad cubana. Aprendamos el lenguaje de señas, vinculémonos a sus grupos de Whatsapp y Facebook, pues ellos están en perfiles institucionales en los que intercambian como cualquier persona.

Cuando vayas por la calle y veas una conversación entre ellos, no los mires de forma indiscreta, como si fueran un bicho raro salido de otro planeta. Ellos son gente normal que aman, ríen y lloran, y como tú tienen derechos.

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